Promesa a la Bandera: ¿cómo se realiza? - Billiken
 

Promesa a la Bandera: ¿cómo se realiza?

Para esta serie de notas sobre la ceremonia de promesa a la bandera que realizan los alumnos de cuarto grado, Billiken reproduce las recomendaciones del Instituto Nacional Belgraniano, el gran experto en el tema. En esta oportunidad, te contamos cuál es la forma correcta de realizar la ceremonia.

La costumbre universal se inspira en el juramento de fidelidad que prestaban las tropas. Por esto, quién requiere la promesa es una autoridad, en lo posible aquella que tenga la mayor jerarquía de entre los presentes al acto.

La promesa es pública, se concreta ante toda la comunidad educativa y, eventualmente, frente al pueblo en general reunido con ocasión de alguna fecha patria.

Se patentiza a partir de una fórmula que ha ido variando con los tiempos. En algunas provincias está expresamente prevista en la normativa vigente. En otras, cada entidad puede definirla libremente.

El acto de la promesa propiamente dicha es muy sencillo. La autoridad recita la fórmula del caso y los promesantes responden a viva voz ¡Sí prometo!

Inmediatamente los asistentes prorrumpen en un caluroso aplauso, como forma de validar la promesa formulada y de sincero apoyo a la decisión manifestada por los pequeños.

El énfasis propio de la afirmación se explica en la completa decisión contenida en la expresión.

La promesa se realiza de pie, una posición que denota una atenta disposición para el servicio. Su adopción uniforme por parte de los promesantes indica una humilde decisión de conjunto.

En la mayoría de las provincias los promesantes remarcan su decisión extendiendo el brazo derecho hacia adelante, en forma más o menos perpendicular a la línea de su cuerpo. Esta posición también tiene un origen antiguo y constituye una recreación del gesto de tocar o besar la bandera que realizaban los soldados al tiempo de jurar. Lo propio ocurre en la mayoría de los juramentos que realizan nuestras autoridades cuando asumen sus funciones.

A consecuencia de que los nazis y fascistas adoptaron la posición del brazo extendido como un saludo a sus líderes fue lógico que durante la Segunda Guerra Mundial el ritual despertara resistencias en los Estados Unidos; por esto en muchas regiones fue reemplazado por el gesto de llevarse la mano derecha al corazón, una práctica que también se difundió en nuestro país en el curso de la última década.

Por sus características el acto de la promesa posee una emotividad impactante. Por lo general los mayores reviven aquella edad en la que ellos mismos formularon la promesa, con toda la inocente e inexpresable belleza que implica verse reflejados en los niños.

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